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En el mundo de las aplicaciones de citas, dos términos han ganado protagonismo en los últimos años: el ghosting y el curving. El ghosting, conocido como el “efecto fantasma”, se produce cuando alguien desaparece abruptamente de una conversación o relación sin previo aviso ni explicación.

En cambio, el curving implica un rechazo más sutil y ambiguo. Esta práctica se manifiesta a través de mensajes confusos que hacen difícil discernir si la persona está interesada o no. Derivado de la palabra anglosajona “curver”, este término describe a aquellos que dan excusas para evitar compromisos sin expresar claramente su interés.

Este comportamiento, comúnmente originado por el miedo a ofender o enfrentar conflictos, puede tener un impacto negativo en la autoestima de quien lo experimenta. Las señales de curving incluyen respuestas tardías y evasivas, cancelación frecuente de planes y falta de iniciativa en la conversación.

¿Por qué se adoptan estas conductas? El miedo a quedar mal, ofender, dificultad para expresar emociones y evitar conflictos son motivadores comunes. Identificar el curving requiere atención a patrones recurrentes.
Ante estas situaciones, la honestidad y la disposición al diálogo son herramientas cruciales. Si los intentos de comunicación no generan cambios, es fundamental reconocer la falta de cuidado y escucha en la conexión, brindando la opción de cortar a tiempo para preservar la integridad emocional.
